Chaves

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"Andar y contar es mi oficio"

lunes, 16 de febrero de 2015

Cuéntame un cuento (Francisco Javier Cavero. 2ºB)

EL TESORO DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS

Hace menos de dos meses un niño llamado Lucas volvía a su casa después de un día de clase. Había sido desastroso. Primero había tenido un examen que no le había salido bien ya que no había estudiado, luego le habían repartido el examen de inglés que había suspendido con un 4’95. Lucas pensaba que la profesora le tenía manía. Luego en la salida había lanzado una piedra de lo enfadado que iba, la piedra rompió el cristal de un coche. Se puso a sonar una alarma y salió corriendo. Al día siguiente tenía una aburridísima excursión de Ciencias Sociales al Castillo de Hugo de Payns, que fue el fundador de la Orden de los Caballeros Templarios. - Por lo menos perderé un día de clase - , pensó Lucas.

*****

A la hora de ir a la excursión fue a la cocina y vio lo que le había dejado su madre: un bocata de jamón y agua. Él cogió un Monster y unos Doritos. Luego se llevó cinco euros (por si acaso) y su Iphone 6 nuevo. Después de las notas su madre le había prohibido llevárselo pero él hizo caso omiso a la advertencia de la madre y lo cogió.

Ya en el autobús se sentó junto a su amigo Miguel. Los dos estaban hablando sobre lo horrible que iba a ser la excursión. Después de tres cuartos de hora de viaje en autobús llegó ante un castillo antiguo. Miguel le comentó que era peor de lo que pensaba. Lucas le dio la razón. Dentro la temperatura disminuyó, por lo menos, cinco grados centígrados y estaba oscuro. Había pocas ventanas y la mayoría eran saeteras. El vestíbulo era amplio. Después de deambular por espacio de dos horas por corredores y pasillos Lucas estaba muy cansado y decidió parar un momento. Cuando se dio cuenta estaba solo. Se fijó en que había una ventana y observó, a través de ella, a su clase en el patio de armas. Él se encontraba en la Torre del Homenaje, donde había un tapiz que era diferente al resto de tapices de la sala. Este tapiz tenía un pequeño símbolo en el que aparecía dos caballeros montados en el mismo caballo. Tocó el símbolo y percibió que era de otro material, piedra. No le dio importancia sólo se hizo un selfie para enseñarle a Miguel donde había estado. Salió corriendo pues vio como la clase empezaba a ir hacia el autobús. En un punto de la carrera se cayó, porque había un tablón levantado. Cuando lo iba a colocar vio un brillo plateado, era un anillo, lo cogió y acabó de poner el tablón. Después salió corriendo. Llegó justo antes de que subieran al autobús los cinco últimos alumnos, así la profesora no se dio cuenta de su ausencia. Le contó lo que le había pasado a Miguel y decidieron que al día siguiente, que era sábado, irían a la casa de Lucas a ver el anillo, porque si lo sacaba allí y la profesora lo descubría podría arrebatárselo para devolverlo.


*****

Lucas estaba esperando a que Miguel llegase a su casa. Cuando llegó, los dos se encontraban muy excitados porque deseaban observar el anillo. Lucas lo sacó de debajo de su almohada, con mucho cuidado comenzó a observar los detalles del anillo. Era de plata y tenía el mismo símbolo que había en el tapiz. Lucas fue a su habitación sacó su MacBook Pro y buscó el símbolo y así logró averiguar su significado: era el símbolo de la Orden de los Caballeros Templarios. Busco algo más y logró averiguar que según muchas leyendas en el Castillo de Hugo de Payns se ocultaba un tesoro de valor incalculable, que sólo una persona humilde podría llegar a abrirlo.

Lucas y Miguel ataron cabos y descubrieron que el anillo era una llave. Los dos exclamaron al mismo tiempo - una persona humilde no, el que tenga el anillo -. Quedaron en ir al día siguiente al Castillo para poder desentrañar el misterio de Hugo de Payns.

*****

Esa mañana Lucas estaba muy nervioso. Cuando acabó de desayunar salió pitando para la parada de autobús. Allí se encontró con Miguel que estaba igual de impaciente que él. Cogieron el autobús. Cuando llegaron pagaron la entrada al guarda. El problema vino cuando no se acordaba en que parte de la Torre del Homenaje se encontraba el tapiz. Por suerte recordó que se había hecho un selfie y lo comparó con la planta en la que se encontraba. Debía de ser la de abajo, pues se veía a sus compañeros a la misma altura que él. Bajaron de la primera planta a la planta baja. Allí estaba. Al fondo de la sala se encontraba el símbolo de la Orden. También había una inscripción que no había leído, decía “Para abrir la cámara una vez a la derecha, otra a la izquierda”. Se aseguraron de que no había nadie en esa planta antes de sacar el anillo del bolsillo de Lucas. Cuando Lucas lo iba a meter, estaba tan nervioso que temblaba un montón, tanto que hasta su amigo le dijo - pareces que tengas parkinson - . Pero al final lo metió y le dio una vuelta en el sentido de las agujas del reloj: el tapiz se abrió dejando paso a una estrecha, empinada y húmeda escalera que no parecía llegar a ninguna parte, salvo quizás al infierno. Nada más pasar, el tapiz corredizo se cerró con un sonoro - ¡CLANC! -. Tanto Lucas como Miguel pegaron un bote.


Ahora se encontraban a oscuras. Lo más rápido que pudo Lucas tanteó en los bolsillos de sus pantalones buscando el Iphone 6. Cuando lo logró sacar buscó la app de linterna y la activó. Un haz de luz salió de la parte de atrás del Iphone 6. Ahora, con luz, bajaron la escalera y a medida que bajaban hacía más frío. Cuando llegaron al final de la escalera le parecían que habían pasado horas y se encontraron en una habitación de no más de 2 metros de altura y 3 de longitud. Al fondo se encontraba otro símbolo igual que el anterior. Lucas volvió a introducir el anillo en el símbolo, aunque esta vez tuvo que girar el anillo en el sentido contrario al de las agujas del reloj. La pared se abrió. Entraron por el hueco, después se volvió a cerrar con otro golpe, sólo que esta vez no se asustaron porque ya estaban preparados.

Esa sala era muy amplia. La sala estaba dividida en dos por un barranco de unos tres metros. A Lucas y a Miguel se les quedó una cara que representaba toda la impotencia que sentían porque no tenían ni idea de como lograr pasar el obstáculo que se les presentaba. Estuvieron así como una media hora antes de darse por vencidos. Mientras buscaban el símbolo para abrir la puerta hicieron una foto a la sala. Cuando llegaron a la cancela del Castillo el guarda estaba cerrando. Salieron de forma rápida porque el guardia los estaba echando como si de perros se tratara. Cuando llegaron a la parada de autobús el vehículo acababa de cerrar las puertas. Entonces comenzaron a aporrear las puertas y el conductor las abrió. Entraron y meditaron sobre todo lo que les había pasado. Cuando Lucas llegó a su casa eran las 23:00, así que cenó y se fue a la cama para descansar, ya que al día siguiente tenía que ir al instituto.


*****

Al día siguiente, en el recreo del instituto Miguel y Lucas estuvieron intentando averiguar como pasar esa sala. Se pasaron todos los recreos de esa semana de la misma forma hasta que en el recreo del viernes Victoria, una niña muy inteligente, fue a ver por qué estaban tan ensimismados en sus pensamientos y se quedaban tanto rato en el recreo meditando los dos juntos. Ellos no sabían si contárselo o no porque eso la haría partícipe de su secreto pero, como se suele decir, “toda ayuda es poca”, así que se lo contaron. Al principio ella los tomó por locos, pero le enseñaron la foto y el anillo y les creyó, aunque le costó un buen rato. Victoria observó la imagen más detenidamente y logró descubrir una especie de saliente en el que, perfectamente, podrían enganchar una cuerda para lograr pasar. Así que quedaron los tres en la parada de autobús para que al día siguiente pudiesen resolver el gran secreto que escondían los muros del Castillo de Hugo de Payns.

*****

  - Otra vez - pensó Lucas cuando se despertó a la mañana siguiente. Iban a volver a intentar encontrar el tesoro de Hugo de Payns y de la Orden de los Caballeros Templarios.

En el autobús fueron explicándole a Victoria las salas en las que habían estado el domingo de la semana pasada. Cuando llegaron el guarda los miró con cara de “otra vez vosotros”, pero como pagaron la entrada no les dijo nada, tan solo que no volviesen a salir tarde o si no …, y en vez de terminar la frase les gruñó. Ya en el patio de armas se dirigieron hacia la Torre del Homenaje, donde volvieron a abrir el tapiz corredizo. Después de entrar el tapiz se cerró con otro golpe. Lucas y Miguel estaban advertidos y no se sorprendieron, en cambio, Victoria, esta era su primera vez por lo que sí pegó un bote y por poco resbaló por las escaleras. Por suerte, ahí se encontraban Lucas y Miguel preparados para la reacción de Victoria, por lo que la agarraron antes de que fuese demasiado tarde. Cuando llegaron a la primera sala, Victoria dijo que se la imaginaba más grande, en cambio, la siguiente sala sí que le pareció grande. Una vez en que llegaron a esa sala, Victoria sacó la cuerda y la lanzó hacia el saliente en donde querían engancharla, pero falló. Entonces probó Miguel, casi la enganchó pero también falló. Por último fue Lucas el que probó suerte y, ¡eureka!, lo logró. Lucas se ofreció a ser el primero a cruzar el barranco y, con una pizca de valor, se lanzó gritando - ¡Sandokaiiiiiiii! -. Cuando llegó al otro lado, les lanzó la cuerda a sus amigos. Miguel hizo lo mismo que Lucas, cruzando también con éxito el barranco. En cambio, Victoria se lanzó con más inseguridad que sus compañeros, aunque logró cruzarlo al igual que ellos. Cuando los tres lograron pasar al otro lado de la sala, comenzaron a buscar el símbolo para entrar en la sala siguiente. Cuando lo encontraron, Lucas giró el símbolo, con ayuda del anillo, en el sentido de las agujas del reloj.

En la nueva sala, no había nada, sólo estaba el símbolo al final de ella. Victoria le pidió a Lucas que esa vez la dejara a ella introducir el anillo y girarlo y Lucas aceptó su petición. Victoria, que no recordaba que Lucas había girado el anillo hacia la derecha en la sala anterior, imitó el movimiento de su amigo girándolo en el sentido de las agujas del reloj, en vez de hacerlo hacia la izquierda como tocaba. En ese momento comenzó a salir un torrente de agua del símbolo. Ninguno de los tres sabía cómo detenerlo. Cuando el agua les estaba empezando a pasar de la barbilla, Lucas hizo un último acopio de fuerzas y logró, como pudo, girar el anillo en el sentido correcto. Se escuchó un - ¡Crack! - y el nivel del agua comenzó a disminuir poco a poco. Cuando la sala quedó completamente vacía la pared se abrió mostrando, por fin, el ansiado tesoro. Eran montañas y montañas de monedas de oro. Al final de la sala había un túnel de salida, lo siguieron y salieron al exterior. Una vez fuera, llamaron a las autoridades para comunicarles su descubrimiento. Cuando llegó la policía y vio que los que habían realizado la llamada eran tres chicos muertos de frío y empapados no les creyeron mucho, pero cuando les enseñaron el tesoro, ya os podéis imaginar la que se armó.


Una semana más tarde todo el mundo era conocedor de Lucas, Miguel y Victoria, los tres niños que habían demostrado la audacia y valentía necesarias para desentrañar el misterio del Castillo de Hugo de Payns. La ciudad les dio una medalla y el tesoro fue expuesto en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid, donde aparecía una plaquita con los nombres de estos tres niños para que fuesen recordados por toda la eternidad como tres valientes héroes.

domingo, 15 de febrero de 2015

Cuéntame un cuento (María Madroñal)

Además de haber trabajado los cuentos con moraleja, dejamos que los alumnos pudieran expresarse con libertad, dando rienda suelta a toda su creatividad. Eso nos deparó sorpresas como en el caso de este precioso relato obra de María Madroñal, de 2ºB:


EL SECRETO DEL BOSQUE


Había una vez una niña llamada Marta. Ella era muy inquieta y curiosa. Un día, al salir del instituto se entretuvo con sus amigas mirando a una pobre anciana en el banco del parque.  

 La mujer tenía una gran bolsa en la que se notaba que había algo extraño, y les llamaba la atención. Las niñas se acercaron a ella. 



       - Perdone, ¿le ocurre algo? -dijo con miedo Marta- ¿Le podemos ayudar? 
 - No, gracias. -respondió la anciana.- 
 - Pero, parece usted cansada y triste. -repusieron las niñas.- 
 - La verdad es que sí, pero creo que vosotras no podríais ayudarme. No sois lo      suficientemente fuertes para enfrentaros al Hombre del Bosque. 
 - ¡¿El Hombre del Bosque?! -gritaron las niñas a coro.- 
 - ¡Callaros!. Podrían enterarse los Guardias Verdes. Están por todas partes, pero no hay muchas personas en el mundo que los puedan ver. Solo son visibles para personas especiales que amen de verdad la naturaleza. 

Aunque no lo pareciera a Marta le gustaba ir los domingos con su padre al campo a recoger la basura que la gente tiraba al suelo, y también le gustaba cuidar de los animales necesitados. Las niñas convencidas de que la mujer tenía razón, se despidieron de ella y se marcharon a casa. Cuando Marta llegó, fue a su cuarto y vió una sombra negra que se dirigía hacia el salón. No le hecho mucha cuenta, ya que creía que podría haber sido un efecto visual. Se dirigió al salón para almorzar, donde le esperaba su madre.
Marta estaba sentada en una silla durante la comida cuando vió a un pequeño hombrecillo verde. Nada más verlo, pensó lo que podría ser un Guardia Verde y cuando terminó se dirigió hacia el parque, donde habían visto a aquella anciana. Por suerte la mujer seguía allí, y Marta comenzó a describir el lo que había visto.

      - Tal como me lo has descrito estoy segura de que es uno de los Guardianes Verdes. -dijo seriamente la anciana mientras abría con trabajo la bolsa misteriosa- Se habrá enterado que sabes sobre su existencia y que eres capaz de verlos. 
La anciana sacó de la bolsa a un pequeño guardián del bosque inconsciente.
      - Sí, es exactamente igual al que yo ví.
      - Seguramente irán a por ti para llevarte con ellos a El Bosque Encantado. -dijo la anciana convencida-
      - ¡Eso es horrible!. Yo no quiero ir a ningún lado. Pero como puedo verlos podría ayudarte.
      - Eso sería maravilloso, porque como ya se que puedes verlos, no tengo ninguna duda que serás capaz de conseguirlo.
Bueno ahora te diré lo que me pasa. Yo soy Selina, la Mujer de la Naturaleza. El otro día mientras alimentaba a los animales más pequeños del bosque , vi como una inmensa sombra secaba toda la vegetación. Inmediatamente, sin pensarlo, fui tras ella, pero solo era una estratagema para encerrarme en los calabozos del Bosque Encantado. Engañé al amo de llaves, y lo dormí con un somnífero.  Lo metí en esta bolsa y salí corriendo hacia el mundo de los humanos para encontrar a la elegida, y creo que esa eres tú. Necesito tu ayuda para poder acabar con el Hombre del Bosque. Para ello debes seguirme hasta el Bosque Encantado.

Marta convencida la siguió. Al llegar se encontró todo oscuro y sucio. Allí estaba él en su castillo. Juntas idearon un plan para atraparlo. Ya decidido, pusieron el plan en marcha.
Al día siguiente nada más amanecer fueron al castillo. El hombre estaba otra vez allí, rodeado de los Guardianes Verdes.
 Marta empezó a chillar para que los Guardianes Verdes se distrajeran, y mientras Selina se encargaba del Hombre del Bosque. Marta comenzó a correr para que no la atraparan. De pronto vio la fuente que le había dicho Selina. La niña  se zambulló en el agua y desapareció. Aquella fuente era un portal hacia el refugio de Selina en el Bosque Encantado. Los Guardias Verdes al ver como desaparecía en la fuente, intentaron imitarla, pero en vez de desaparecer, se empaparon del agua sucia. A su vez, Selina se encontraba en el castillo del Hombre del Bosque, junto a su trono sin que este se diera cuenta.
Selina no sabía como comenzar, ya que no quería parecer muy dura con él, porque sabía que en el fondo era una buena persona. Selina y el Hombre del Bosque habían sido muy buenos amigos, y no quería que si volviera a ser él mismo, le tuviera rencor por ser tan dura con él en aquel momento. Selina decidió comenzar con delicadeza, pero debía de hacerlo rápido, porque los Guardianes no tardarían en salir de la profunda fuente.


      - Hola, ¿te acuerdas de mi?  -comenzó Selina con la voz temblorosa-. 

 - Como para no acordarme. Tú me abandonaste y me convertiste en esto 
 - Yo no te abandoné, fuiste tú el que decidió quedarse en el Bosque Encantado.


El Hombre del Bosque se quedó callado y pensativo, pues no sabía qué decir porque comenzaba a darse cuenta que Selina tenía razón. 
Hace mucho tiempo, cuando eran amigos, estaban en el bosque cuando de repente el Dios de la Oscuridad se presentó ante ellos. Selina sabía de sobra que lo mejor era no dirigirle la palabra ni hacerle caso, porque si no, te tentaría a hacer cosas indebidas. Pero el Hombre del Bosque, creyó que él era lo suficientemente fuerte como para no hacerle caso a aquel malvado Dios. Para demostrarle a Selina que con él no podía nadie, siguió al Dios hasta el Bosque Encantado, que era donde vivía. El Dios de la oscuridad comenzó a darle órdenes para acabar con la Naturaleza a cambio de grandes recompensas. El hombre necesitaba aquella recompensa y decidió hacerle caso. Este se convirtió en su ayudante y desde entonces cuando se arrepentía de en lo que se había convertido, le echaba las culpas a Selina por haberlo dejado ir.


 - Yo te intenté retener, pero tú no me escuchabas. Esto te lo buscaste tú solito por intentar superar al Dios de la Oscuridad,, ignorando mis advertencias. -dijo la anciana con autoridad-. 
 - Tienes razón. Ahora me doy cuenta de lo que en verdad pasó. 
 - Para volver a ser quien eras solo debes tomar la flor que se encuentra en la montaña más alta del Bosque Encantado. 
 -  Pero, ¡eso sólo puede conseguirlo la Elegida!. -dijo el Hombre del Bosque.-
        - Y esa elegida es Marta. Está aquí en el Bosque Encantado.


En ese momento apareció Marta con unos cuentos de Guardianes Verdes agarrados del brazo.
Pronto le impusieron su misión, y emprendió su camino. Después de unos cuantos de días escalando, llegó a la cima. Y allí estaba la flor intacta. Nadie había estado allí antes.
Arrancó la flor y bajó deslizándose por la ladera.
El Hombre del Bosque se tomó la flor y volvió a estar fuera del poder del Dios de la Oscuridad. Los Guardianes Verdes se convirtieron en buenos guardianes que protegían el bosque de la llegada del Dios de la Oscuridad. Con los poderes que obtuvo Marta de recompensa salvaron la Naturaleza, y todo volvió a ser exactamente como antes. Le dieron las gracias Marta por su ayuda y la llevaron al mundo humano. Durante su viaje, nadie la echó de menos, ya que aunque había estado una semana fuera, en el mundo humano sólo había pasado una hora.
 Ahora Marta debía de guardar el gran secreto del bosque.

miércoles, 11 de febrero de 2015

"Homenaje" a Salvador Sostres de Laura Morillo (3ºD)

Laura Morillo, con su estilo mordaz habitual, aprovechó una actividad de principio de curso para rendir a Salvador Sostre el tributo que merece, escribiendo una réplica a este artículo a raíz de la muerte de Emilio Botín: "Muere Emilio". 

Querido Salvador Sostres,
lo primero, desearle todo mi ánimo para ayudarle a sobrellevar su patetismo: hay que tener una gran valentía para decir tantas barbaridades como dice usted.
Sí, es una realidad que cuando un rico muere tiene más repercusión que cuando muere un pobre, pero de ahí a frases tales como ''Que muera un rico es una tragedia para España'' o ''cuando muere un rico todos nos quedamos huérfanos'' hay una gran diferencia. Permítame preguntarle cuándo lloró más: tras la muerte de un familiar suyo o cuando murió Botín.
Por otro lado, ¿qué ha hecho usted para considerarse tan importante?
Como de usted sé bien poco (ya que sus desesperados intentos de que absolutamente todo el mundo le conozca son fallidos) me he tomado la libertad de indagar en internet y cual fue mi sorpresa al descubrir que no sólo es usted patético sino que también es un hipócrita.
Le cito una frase suya literal: ''En Barcelona es muy hortera hablar en español. Yo sólo lo hablo con la chacha y algunos empleados. Es de pobres y de horteras, de analfabetos y de gente de poco nivel hablar un idioma que hace ese ruido tan horrible al pronunciar la jota.'' Ahora se encuentra trabajando para El Mundo y escribiendo en este idioma que hace un ruido tan espantoso.
Así que usted se gana el dinero escribiendo para pobres y, por tanto, según su mentalidad, sin pobres para leer sus artículos, no sería un pobre periodista que escribe en español, sino simplemente un pobre.
Al menos, sí que hace algo por el mundo: ser un claro ejemplo de cómo no se debe ser.
En serio, enhorabuena, reúne todos los requisitos para caerme terriblemente mal: machista, fascista, racista, hipócrita y, por si no fuera poco, ha sido colaborador de un programa de Telecinco de lo que muchos denominan telebasura ¿Y somos nosotros los mediocres? Usted sólo podría resaltar en ser miserable, así que tengo una idea (no creo que la use ya que soy mujer y pobre, pero seguro que se le da mejor de todo lo que ha hecho hasta ahora): Haga un manual de cómo ser miserable y seguro que se hace rico. Pero, como todos los ricos, se haría rico a base de pobres. No lo olvide nunca.

domingo, 8 de febrero de 2015

Cuéntame un cuento (con moraleja)



Iguales (Lorena Monfort. 2ºF)


Hace mucho tiempo, en un país dónde todos eran iguales, vestían igual, hablaban de la misma manera y en el mismo tono siempre, todas sus casas era idénticas, todos tenían los mismos gustos y aficiones, vivía una chica a la que no le gustaban todas esas cosas. Esa chica era diferente, no quería ser igual que el resto, pero por miedo a que la rechazaran y no aceptaran su manera de ser hacía las mismas cosas que los demás.

Un día cansada de no poder ser ella misma, decidió dar un giro de 180º a su vida. A partir de ese momento vistió a su manera, se comportó como realmente era, dedicó su tiempo a realizar las cosas que le gustaban,... Empezó a ser ella misma.
Al principio la miraban y se burlaban de ella, pero poco a poco más gente hizo lo mismo, comenzaron a hacer lo que realmente querían.

A pesar de que han pasado los años, hay personas que prefieren ser iguales que los demás y no ser ellas mismas.

Moraleja: Sé tú mismo y no te dejes embaucar por el resto, porque todos somos diferentes y únicos.


Elena López (2ºF)

Estaba un niño en su pueblo, cuando de repente comenzó a gritar: "¡Que viene el monstruo! ¡Ayudadme!". Todo el pueblo fue inmediatamente a buscarle para ayudarle, aunque al rato se dieron cuenta de que era todo una vil mentira y se marcharon indignados. Así, una tras otra vez y la gente seguía creyéndolo. Hasta que un día, el chico volvió a gritar lo mismo que las ultimas veces, aunque esta vez fue real. Esta vez nadie le creyó, y el niño desapareció para siempre.

MORALEJA: Mientes y mientes, perdiendo la confianza que te tienen los demás. Cuando digas la verdad, no te creerán.

Juan y la manzana de oro (Javier Cavero. 2ºB)

Había una vez un joven llamado Juan que provenía de familia pobre. Un día su madre le contó que el rey les quitaría sus pertenencias en una semana si no pagaban los 10.000 dracmas que le debían. Al día siguiente, mientras andaba pensando en el problema, Juan, se topó con una anciana señora que le contó que en unas islas llamadas Hespérides había un gran árbol con manzanas de oro, custodiado por un dragón de cien cabezas que nunca dormía y que su nombre era Ladón. Para vencerlo debería dormirlo mediante la música. Para ello la anciana le entregó un arpa que nunca paraba de sonar. Además las manzanas que consiguiera debía entregárselas a ella, quien le daría un deseo por manzana. Para lo que necesitaba Juan sólo tendría que coger una manzana.
Cuando llegó a la isla, Juan empezó a tocar el arpa, mientras rezaba que funcionase, ya que le daba mucho miedo. Al dejar el arpa en el suelo esta siguió tocando y Ladón se durmió. Entonces Juan, saltó y cogió la manzana del árbol, regresó a donde estaba el arpa, la cogió y se fue. Una vez que llegó a su casa tan sólo faltaban dos horas para que le quitasen la casa a su familia con todo lo demás. Entonces volvió a aparecer la señora y le dijo que le entregase la manzana. Juan se la entregó y ella se transformó en Atenea que devolvió la manzana al árbol y le preguntó qué era lo que deseaba. Juan le contestó que deseaba que su familia no fuera nunca más pobre para poder pagar todos los impuestos que hubieran tenido y que pudieran tener en adelante. Atenea se lo concedió y la familia de Juan nunca más fue pobre.

MORALEJA: Amabilidad con bien se paga.


Confianza (Celestino García. 2ºF)
Había una vez una familia, que vivía en un pueblecito del norte de Oslo(Noruega), formada por un matrimonio y dos hijos pequeños de edades 10 y 7 años. El hijo mayor se llamaba Pedro, era un niño inteligente y muy cariñoso con los animales, pero muy poco decidido. Un día, sus padres le preguntaron qué deporte le gustaría practicar, ya que era un niño que le gustaban todos los deportes, pero por su amor a los animales lo que más le gustaba era la equitación. Pero como era un niño tan indeciso pensaba que ese deporte no le iba a ir bien, sus padres terminaron convenciéndole. Empezaron las clases y el profesor de equitación tenía buenas esperanzas en Pedro en el mundo de los caballos. En las clases, el profesor siempre preguntaba o quién se atrevía a realizar alguna carrera o algún salto con su caballo, pero Pedro nunca se ofrecía voluntario era muy tímido, y el profesor se había dado cuenta de ello, empezó a pensar cómo podría ayudarle. Habló con sus padres y entre todos llegaron a la conclusión de que lo mejor para que Pedro fuese más decidido sería comprarle un caballo. Sería una gran sorpresa y una manera de practicar. Cuando los padres de Pedro le entregaron el caballo, el niño no sabía como expresar tanta alegría, se monto en él y corrieron por los campos verdes que rodeaban la casa donde vivía.
Pronto, aquel animal, al que llamo Rufo y Pedro se hicieron inseparables. Rufo era blanco con la crin y la cola cola color ceniza, ayudó a Pedro a empezar a confiar en si mismo. Todos los días practicaban carreras y saltos, y por fin Pedro había encontrado lo que le gustaria ser.
Una tarde, el profesor le dijo que le había apuntado a un torneo que había apuntado a un torneo que habría próximamente de saltos de caballos, donde podría competir con su caballo Rufo. Pedro se quedó sin palabras y terminó diciendo que no podía ser, que no había practicado lo suficiente, que no había participado en ninguna competición antes, estaba muerto de miedo. El profesor le dijo que dejara de poner excusas y que se pusiesen manos a la obra.
Entrenaban todos los días, y cuando a Pedro le fallaban las fuerzas y creía que las cosas no iban a salir bien, entonces Rufo se lo ponía fácil, se acercaba a él para recibir sus caricias y se inclinaba para que el niño subiera encima de él. Corrían y corrían por los campos, Rufo hacía que Pedro estuviese más seguro de él, y llegar a pensar por primera vez que podía ganar. Llegó el día del campeonato y todos estaban muy nerviosos, sobre todo Pedro, pero sentía por dentro que mientras estuviese con Rufo todo sería posible, que las cosas le iban a salir muy bien, tanto se empeño en sus pensamientos que aquel día Pedro consiguió su sueño, ganó la competición, se sintió feliz y contento con todos los que lo rodeaban. Empezó a ver que si confiaba en él podría conseguir todo lo que se propusiese.

MORALEJA: Creer es poder.


Los deberes (Víctor Bernal. 2ºF)

Era el primer día de clase. Carlos se levantó a las siete. Venía de vacaciones, así que le iba a costar un poco volver a la rutina diaria. Como todas las mañanas, se fue al baño y se lavó la cara y, aún con los ojos casi cerrados, se dirigió a la cocina.
Allí se preparó un tazón de leche con sus cereales preferidos, los de chocolate, que a esa temprana hora le sabían deliciosos. Más tarde, como cada día, él se vestía; usaba chandal, ya que para él y sus amigos era lo más cómodo- entre los chicos del barrio eran conocidos como- " los hombres del chandal".
Más tarde cogió su maleta y las llaves y se fue al instituto, su instituto era como un centro de menores, que se asemejaba a una triste prisión.
Cuando entró a la clase, reconoció a sus amigos, aunque a algunos les había cambiado la voz, dejándose notar ciertas ronqueras en sus voces.
De pronto, irrumpió en el aula su nuevo tutor, Juan Antonio, en el Centro se le conocía como Dar Waider y se dedicaba a leer comics de ciencia ficción.
A Carlos le pareció que en el fondo era una buena persona.
Las clases se sucedían anecdóticamente:
la de Inglés, dormida, la de Música dedicada por el profesor a oír música y algunas aburridas canciones; la de Mates, enseñando a Alberto las tablas de multiplicar; y la de Sociales ocupado en localizar en el mapa capitales.
A ultima hora, entró el de Lengua. Se llamaba Lorenzo y era muy exigente. Para el día siguiente mandó diez ejercicios y todos pensaron, que era una locura. Nadie se atrevía a decírselo. Carlos no quiso hacerlos, pensó que ya los haría otro día. Estuvo toda la tarde jugando y escuchando música.
Al día siguiente, después de un día aburrido, abrió el cuaderno con los con los diez ejercicios, pero eran larguísimos y sabía que no los iba a poder hacer. Un día después llegó como siempre el profesor de Lengua puntualmente y pidió los deberes. Carlos no los tenía hechos y el profesor le preguntó por qué. Él le respondió sinceramente.
El profesor reconoció que eran muchos deberes, pero que debería haberlo intentado, y le dijo:
" no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy ".  
 Carlos, en ese momento, se sintió muy avergonzado y se propuso a si mismo que no le volvería a suceder algo así nunca más.
Desde entonces, se dio cuenta de que estudiar y trabajar era algo imprescindible para aprender muchas cosas...
Unos años después, Carlos trabajaba en una oficina del barrio y era una persona muy querida por su comunidad.

MORALEJA: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.


El caracol psicópata (Sergio Redondo)

Había una vez dos compañeros de clase llamados Raúl y Carlos eran muy amigos y un día en su clase entregaron un papel para una excursión a un bosque, a las afueras de la ciudad. Ellos estaban muy entusiasmados y como no, se pusieron juntos en el autobús. Al llegar al bosque Raúl y Carlos se despistaron del grupo gracias a un caracol que les parecía muy interesante. Lo siguieron hasta que cuando se dieron cuenta ya estaban perdidos, Raúl empezó a llorar y Carlos le intentaba consolar. De pronto el caracol les empezó a hablar, los dos amigos se quedaron boquiabiertos, nunca habían visto hablar a un caracol. El caracol les dijo que sabía el camino para llegar al grupo, los niños le siguieron, pero lo que no sabían es que el caracol los llevaba a una cueva donde los mataría. Al entrar los niños se miraron con cara de preocupación. ¡El caracol les había tendido una trampa! Cuando se dieron cuenta estaban atados a la pared donde el caracol les inyectó un veneno que acabó matándolos. Al final el caracol tuvo un gran banquete.

MORALEJA: Nunca te fíes de un caracol


El secreto (Nera Navarro. 2ºB)

Una mañana cualquiera, como siempre, me fui hacía el instituto, cuando de repente me encontré a mi amiga que en cuanto me vio se me acercó corriendo y me dio un abrazo muy fuerte. La noté nerviosa y ella me afirmó que lo estaba. Decía que no sabía por qué, pero que presentía que algo le iba a pasar. Llegaron las demás y la mirábamos raro, pero ella seguía insistiendo en que era verdad. Dejamos el tema y tocó el timbre para irnos a clase.


Luego, salimos al recreo, y estuvimos con los de siempre con total normalidad.
De repente, Ángela se puso a llorar y las demás nos alteramos un poco al verla así. No parábamos de preguntarle qué era lo que le pasaba, pero ella seguía llorando desconsoladamente sin querer decirnos nada.
Cuando se calmó un poco, sin venir a cuento, la otra chica que la estaba abrazando, dijo que nos tenía que contar algo importante que no sabíamos. Nos dijo que le gustaba aquel chico que tanto la miraba. 
Ángela, al oírla se puso a llorar más. Otra vez todas empezamos a preguntarle pero no podía ni contestar de todo lo que estaba llorando.
Las demás nos miramos y entendimos por qué estaba así. Le preguntamos y por fin cuando pudo contestar nos dijo que era así.
Estaba tan mal porque todavía no podía llegar a creerse que le gustaba el mismo chico que a una de sus mejores amigas, y sabía que eso iba a influir en su amistad.
Cuando Noelia se dio cuenta que Ángela estaba tan mal por su culpa, la abrazó y fueron a hablar a solas.


Las demás mirábamos interesadas pero no conseguimos enterarnos de nada, y cuando volvieron nos sonrieron y Ángela estaba mucho más tranquila.


Volvió a sonar el timbre para subir del recreo, y todas nos preguntábamos qué habría pasado. Estaban algo picadas, aunque no lo aparentaban. Cada vez que pasaba aquel chico por el lado de alguna, se miraban con bastante desprecio y se criticaban a las espaldas.
Por mucho que hubieran hablado siguieron así durante algunos días.


La demás nos planteamos de hablar con ellas, porque no queríamos que influyera en el grupo esa tontería. Primero, hablamos por separado, algunas con Ángela y otras con Noelia, y luego las dejamos a ellas solas.
Mientras que ellas hablaban, nos estuvimos contando lo que nos habían dicho antes. Nos alegramos muchísimo, porque coincidieron en que no querían pelearse ni que se separara el grupo y mucho menos por culpa de ellas.

Terminaron de hablar y no hizo falta preguntar nada, gracias a su sonrisa entendimos que ese problema no iba a influir en su amistad, y acordaron no cambiar absolutamente nada, porque no merecía la pena perder una gran amistad por culpa de un chico que seguramente no se había fijado en ninguna. 

MORALEJA: La amistad es lo primero.